Conciencia ¿Qué es?

La conciencia vista por un físico

La idea de conciencia ¿que significa? ha fascinado a los filósofos durante siglos pero, hasta hoy, se ha resistido a una definición sencilla. El filósofo David Chalmers ha catalogado más de veinte mil artículos científicos escrito sobre el asunto: ningún otro tema ha suscitado tanta implicación para acabar generando tan poco consenso. Gottfried Leibniz, el pensador del siglo XVII, escribió: “Si agrandamos el cerebro hasta que tomase el tamaño de un molino, y así pudiésemos caminar por su interior, no encontraríamos la conciencia.

Algunos filósofos dudan de que una teoría de la conciencia  sea siquiera posible. Sostienen que la conciencia nunca podría explicarse, puesto que es un objeto no puede comprenderse a sí mismo, por lo que carecemos de la capacidad mental para resolver esta desconcertante  cuestión. quizá tampoco seamos capaces de resolver enigmas como el libre albedrío o la conciencia.

De hecho, durante buena parte del siglo XX, una de las teorías dominantes en psicología, el conductismo, niega por completo la importancia de la conciencia. El conductismo se basa en la idea de  que lo único digno de estudio es el comportamiento objetivo de los animales y de las personas, no lo estados internos y subjetivos de la mente.

Otros han desistido de encontrar una definición, o incluso una descripción, de la conciencia. Según el psiquiatra Giulio Tononi: “Todo el mundo sabe lo que es la conciencia: es la que no abandona cada noche cuando caemos en un sueño profundo, y vuelve a nosotros a la mañana siguiente cuando nos despertamos”.

Aunque llevamos siglos debatiendo sobre la conciencia, hemos llegado a pocas conclusiones. Puesto que los físicos crearon muchos  de los inventados que han hecho posibles los revolucionarios avances en la ciencia del cerebro, puede que resulte útil recurrir a un ejemplo de la física para volver sobre esta antigua cuestión.

¿Cómo entienden los físicos el universo?

Cuando un físico intenta entender algo, primero recopila datos y después propone un “modelo”, una versión simplificada del objetivo es estudio que recoge sus características fundamentales. En física, el modelo se describe mediante una serie de parámetros (por ejemplo: temperatura, energía y tiempo). A continuación, el físico utiliza el modelo para predecir su evolución futura simulando sus movimiento. de hecho hecho, varios de los superordenadores más potentes del mundo se utilizan para simular la evolución de modelos, para describir protones, explosiones nucleares, patrones del tiempo atmosféricos, El Big Bag o el centro de lo agujeros negros. después se puede crear un modelo mejor, utilizando  parámetros más sofisticados, y simular asimismo su evolución temporal.

Por ejemplo, cuando Isaac Newton trataba de entender el movimiento de la Luna, creó un modelo sencillo que acabará alterando el curso de la historia de la humanidad: imagino que lanzaba una manzana al aire. cuando más rápido la lancemos, más lejos llegará, pensó. Si lo hacemos con una velocidad suficiente, daría una vuelta completa a la tierra y podría volver al punto inicial. Este modelo; afirmó Newton, representa la trayectoria de la Luna, por lo que las fuerza que guían el movimiento de la manzana alrededor de la Tierra son idénticas a las que rigen el de la Luna.

Pero el modelo, por sí, solo no servía de nada. El avance clave se produjo cuando Newton fue capaz de utilizar su nueva teoría para simular el futuro, para calcular la posición futura de objetos en movimiento. Se trataba de un problema difícil, que obligó a Newton a crear toda una nueva rama de las matemática, el cálculo.Usando estas nuevas matemáticas, Newton logró predecir no solo la trayectorias de la Luna, sino también la del cometa Halley y de los planetas. Desde entonces, los científicos han utilizado las leyes de Newton para simular el recorrido futuro de objetos en movimiento, desde balas de cañón, máquinas, automóviles y cohetes a asteroides o meteoritos, e incluso estrellas y galaxias.

El éxito o el fracaso de un modelo depende de la fidelidad con la que reproduce los parámetros básicos de objetivos original. En este caso, el parámetro fundamental era la posición de la manzana y de la Luna en el espacio y en el tiempo. Al permitir que este parámetro evolucionará (esto es, al dejar que transcurrir el tiempo), Newton descifró, por primera vez en la historia, la acción de los cuerpos en movimiento, que constituyó uno de los descubrimientos más importantes de la ciencia.

Los modelos son útiles hasta que se sustituyen por otros aún más preciosos, descritos por mejores parámetros. Einstein reemplazando la visión e Newton de fuerzas que actuaban sobre manzanas y lunas con un nuevo modelo basado en un neuvo parámetros, la curvatura del espacio y del tiempo. Una manzana no se mueve porque la Tierra ejerce una fuerza sobre ella, sino porque la Tierra estira el tejido del espacio y del tiempo, de manera que la manzana simplemente se mueve a lo largo de la superficie de un espacio-tiempo curvo. A partir de ahí, Einstein podía simular el futuro del universo entero. Hoy en día, con ordenadores, podemos ejecutar simulaciones de este modelo hacia el futuro y crear vistosas imágenes que representan la colisiones y agujeros negros.

Incorporamos esta estrategia básica a una nueva teoría de la conciencia.

Definición de conciencia

Tomo prestados diversos fragmentos de descripciones ya existentes de la conciencia en los campos de neurología y la biología para definirla como sigue:

    “Conciencia” es el proceso de crear un modelo del mundo a partir de múltiples bucles

De retroalimentación basados en distintos parámetros (por ejemplo, la temperatura, el tiempo o la relación con los demás), para lograr un objetivo (por ejemplo encontrar pareja, comida o refugio).

La llamó “teoría espaciotemporal de la conciencia”, porque hace hincapié en la idea de que los animales crean un modelo del mundo principalmente en relación con espacio y con los demás individuos, mientras que los humanos van más allá y crean un modelo del mundo en relación con el tiempo, tanto hacia delante como hacia atrás.

Por ejemplo, el nivel más bajo de conciencia es el nivel 0, en el que un organismo es estacionario o tiene movilidad limitada y crea un modelo de su lugar utilizando bucles de retroalimentación basada en unos pocos parámetros (como la temperatura). Por ejemplo, el nivel más simple de conciencia es el de un termostato. Enciende automáticamente el aire acondicionado o la calefacción para ajustar la temperatura de una habitación, sin ninguna ayuda. La clave es la retroalimentación, que activa un interruptor si la temperatura baja o sube demasiado.

Cada bucle de retroalimentación constituye una unidad de conciencia, por lo que un termostato tendría una sola unidad de conciencia de nivel 0; es decir, un nivel 0:1.

De esta manera, podemos clasificar la conciencia numéricamente, basándonos en la cantidad y la complejidad de lo bucle de retroalimentación utilizados para crear un modelo del mundo. Así la conciencia ya no es una imprecisa colección de conceptos circulares y poco definidos, sino un sistema de jerarquías que se pueden clasificar numéricamente. Por ejemplo, una bacteria o una flor poseen muchos más bucles de retroalimentación, por lo que tendrían un grado más elevado de conciencia de nivel 0. Una flor con diez bucles de retroalimentación (que mide la temperatura, la humedad, la luz solar, la gravedad…..) tendría una conciencia de nivel 0:10.

Los organismos que son móviles y cuentan con un sistema nerviosos central poseen conciencia de nivel 1, que incluye un nuevo conjunto de parámetros para medir su ubicación variable. Un ejemplo de conciencia de nivel 1 sería reptiles. Tienen tantos bucles de retroalimentación que han desarrollado un sistema nervioso central para gestionarlos. El cerebro reptil tendría quizá más de cien bucles de retroalimentación (que controlar su sentido del olfato, del equilibrio, del tacto, del oído, de la vista, la presión sanguínea, etc, y cada uno de estos contiene a su vez más bucles de retroalimentación adicionales).

El conjunto de todos ellos crea una imagen mental de donde están otros animales (por ejemplo las presas). La conciencia de nivel I, a su vez, está gobernada principalmente por el cerebro reptil, situado en la parte central y posterior de nuestra cabeza.

La siguiente es la conciencia de nivel II, en la que los organismos crean un modelo de su lugar no solo en el espacio sino también respecto a otros individuos (es decir, son animales sociales con emociones). El número de bucles de retroalimentación para la conciencia de nivel II aumenta exponencialmente, por lo que resulta útil introducir una nueva clasificación numérica para este tipo de conciencia. Crear aliados, detectar enemigos, servir al macho alfa, etc, todo estos son comportamientos muy complejos que requieren un cerebro mucho mayor, por lo que la conciencia de nivel II coincide con la formación de nueva estructuras cerebrales en forma del sistema límbico.

Como ya se ha mencionado antes, el sistema límbico incluye el hipocampo (para la información sensorial), todos los cuales proporcionan nuevos parámetros para crear modelos en relación con lo demás individuos. Por lo tanto, cantidad y el tipo de los bucles de retroalimentación varían.

Definimos el grado de conciencia de nivel II como el número total de bucles retroalimentación diferentes que un animal necesita para interactuar socialmente con los miembros de su grupo. Por desgracia. los estudios de la conciencia animal son muy limitados, lo que significa que se ha dedicado poco esfuerzo a catalogar todas las formas en que los animales se comunican socialmente entre sí.

Pero, en una primera aproximación, podemos estimar la conciencia de nivel II partiendo del número de animales que componen el grupo o tribu y contando el número total de formas en que el animal interactúa emocional con cada uno de ellos. Estos incluiría reconocer rivales y amigos, crear vínculos con lo demás, de volver favores, formar coaliciones, entender es estatus propio y la clasificación social de los demás, respetar es estatus de los superiores, desplegar el poder propio ante los inferiores, conspirar para elevarse en la escala social, etc.

A pesar de la falta de estudios empíricos de los comportamientos animales, podemos ofrecer una clasificación numérica a grandes rasgos de la conciencia de nivel II, a partir del número total de emociones y comportamientos sociales diferenciados que al animales exhibe. Por ejemplo, si una manada de lobos está compuesta por diez ejemplares, y cada uno de ellos interactúa con todos los demas a traves de quince emociones y gestos distintos, su nivel de conciencia, en una primera aproximación, viene dado por el producto de los dos, que es ciento cincuenta, de manera que tendría una conciencia del nivel II 150.

Esta cifra tiene en cuenta tanto el número de animales con los de tiene que interactuar  como la cantidad de maneras en que puede comunicarse con cada uno de ellos. La cifra solo es una aproximación del número total de interacciones sociales que el animal puede desplegar, y sin duda variará a medida que aprendemos más cosas sobre su comportamiento.

(Evidentemente, como la evolución nunca es limpia y precisa, existen ciertas excepciones que hemos nunca de explicar, cómo el nivel de conciencia de lo animales sociales que son cazadores solitarios. Lo haremos en notas)

Conciencia de nivel 3: Simular el futuro

Dentro de este marco conceptual para la conciencia vemos que los humanos no somos únicos, y que existe todo un continuo de conciencias. Charles Darwin comentó alguna vez: “La diferencias entres los hombres y los animales superiores, aun siendo grandes, lo son de grado y no de clase”. Pero ¿que separa la conciencia humana de la de los animales? Los humanos somos los únicos en todo el reino animal capaces de comprender el concepto de mañana. A diferencia de los animales, nos preguntamos constantemente “ que ocurrirá” semana, meses e incluso años en el futuro, por lo que creo que la conciencia de nivel · crea un modelo de su lugar en el espacio y después simular su evolución en el futuro, haciendo predicciones aproximadas. Podemos resumirlo así:

La humana es la forma específica de conciencia que crea un modelo del mundo y después simular su evolución en el tiempo, evaluando el pasado para simular el futuro. Esto requiere evaluar múltiples bucles de retroalimentación y medir entre ellos para así poder tomar una decisión con el fin de alcanzar un objetivo.

Para cuando alcanzamos una conciencia de nivel 3 son tantos los bucles de retroalimentación, que necesitamos que un “consejero delegado” los examine para poder simular el futuro y tomar la decisión final. En consecuencia, nuestros cerebros se diferencian de los de otros animales, en particular por el gran tamaño de la corteza prefrontal, situada detrás de la frente, que nos permite “ver” hacia el futuro.

El doctor Daniel Gilbert, un psicólogo de harvard, ha escrito: “El mayor logro del cerebro humano es su capacidad para imaginar objetos y episodios que no existen en el reino de lo real, y es esta facultad la que nos permite pensar en el futuro. Como señaló un filósofo, el cerebro humano es una máquina anticipatoria y construir el futuro es su actividad principal.

Por medio de escáneres cerebrales, podemos incluso proponer una candidata para el área precisa del cerebro donde tiene lugar la simulación del futuro. El neurólogo Michael Gazzaniga señala que el “área 10 (capa granular interna IV), en la corteza prefrontal lateral, es casi dos veces más grande en los humanos que en los simios. El área 10 interviene en la memoria y en la adopción de los comportamientos adecuados y la inhibición de los inadecuados, en el aprendizaje de reglas y en la selección de los inadecuados, en el aprendizaje de reglas y en la selección de la información relevante a partir de lo que perciben lo sentidos”.

Aunque los animales pueden tener una idea bien definida de su lugar en el espacio y cierto grado de conciencia de los demás, no está claro que hagan sistemáticamente planes de futuro ni que tengan una idea del mañana. La mayoría de los animales, incluso los animales sociales con sistema límbico bien desarrollados, reaccionan a las situaciones (como la presencia de depredadores o de potenciales parejas) confiando principalmente en el instinto, en lugar de planificar sistemáticamente el futuro.

    Por ejemplo, los mamíferos no hacen planes para el invierno preparándose para hibernar, sino que, básicamente, siguen sus instintos cuando baja la temperatura. Su conciencia está dominada por mensajes procedentes de los sentidos. No hay evidencia de que examinen de forma sistemática varios planes y estratagemas cuando se preparan para hibernar. los depredadores, cuando utilizan tretas y camuflan para acechar a sus incautas presas, sí prevén acontecimientos futuros, pero su planificación está limita únicamente al instinto y a la duración de la caza. Los primates son hábiles a la hora de idear planes a corto plazo (por ejemplo, para encontrar comida), pero no indicios de que planifiquen más allá de unas pocas horas en el futuro.

    Los humanos somos diferentes. Aunque en muchas situaciones recurrimos al instinto y a las emociones, también analizamos y evaluamos constantemente información procedente de muchos bucles de retroalimentación. Lo hacemos mediante simulaciones que en ocasiones se prolonga más allá de la duración de nuestra propia vida, e incluso se extiende durante miles de años en el futuro. El objetivo de realizar estas simulaciones es evaluar distintas posibilidades y así tomar la mejor decisión para cumplir un objetivo. Esto sucede en la corteza prefrontal, que nos permite cuál es el mejor camino a seguir.

    Hemos desarrollado esta capacidad por varios motivos. En primer lugar, ser capaces de vislumbrar el futuro tiene enormes ventajas desde el punto de vista evolutivo, como escapar de los depredadores o encontrar comida o pareja. Segundo lugar nos permite escoger entre varios resultados diferentes y seleccionar el mejor de ellos.

    Y como ultimo el tercer lugar, el número de bucles de retroalimentación se incrementa exponencialmente al pasar del nivel 0 al nivel 1, y de este a nivel 2, por lo que se hace necesario de un consejero delegado que evalúe todos estos mensajes contradictorios que compiten entre sí. Debe haber un cuerpo central que valore todo estos bucles de retroalimentación. Esto es lo que distinguen la conciencia humana de la de los animales. Estos bucles de retroalimentación se evalúan, a su vez, simulando su evolución en el futuro para obtener el mejor resultado. Sí no dispusimos de un consejero delegado, se impondrá el caos y experimentará una sobrecarga sensorial.

    Esto se puede demostrar con un sencillo experimento. David Eagleman describe describe si hacemos que una hembra penetre en el territorio de un pez espinoso macho. El macho está confuso, porque quiere aparearse con la hembra, pero también quiere defender su territorio. En consecuencia, el macho, simultáneamente, atacará a la hembra e iniciará el cortejo. El macho se vuelve frenético, pues intenta al mismo tiempo atraer y matar a la hembra.

    Esto mismo sucede con los ratones. Colocamos un electrodo frente a un pedazo de queso. Si el ratón se acerca demasiado, recibirá una descarga. Un bucle de retroalimentación le dice al ratón que se coma el queso, pero otro le incita a mantenerse alejado para evitar otra descarga. Ajustando la ubicación del electrodo, podemos hacer que el ratón oscile, dividido entre dos bucles de retroalimentación contradictorios. Mientras que un humano tiene un consejero delegado en su cerebro que valora los pro y contras de la situación, el ratón, dirigido por dos bucles de retroalimentación contradictorios, va de un lado a otro.

¿Como simula exactamente el cerebro el futuro? El cerebro humano está inundado de una enorme  cantidad de datos sensoriales y emocionales. Pero la clave es simular el futuro estableciendo relaciones causales entre eventos; es decir, si sucede A entonces sucede b. Pero si ocurre B, entonces podrían producirse C y D. Esto desata una reacción en cadena, que da lugar a un árbol con múltiples ramas que representan los posibles futuros en cascada. El consejero delegado en la corteza prefrontal evalúa los resultados de estos árboles causales para tomar la decisión definitiva.

    Supongamos que queremos robar un banco. ¿Cuantas simulaciones realistas de este evento podemos realizar? Para saberlo,hemos de pensar en las distintas relaciones causales en las que intervienen la policía, los transeúntes, los sistemas de alarma, la relación con los compañeros delincuentes, la situación del tráfico, la oficina del fiscal, etc. Para llevar a cabo la simulación del robo satisfactorios, debemos de realizar cientos de relaciones causales.

También es posible medir numéricamente este nivel de conciencia. Digamos que, ante un conjunto de situaciones diferentes como las que acabamos de comentar, se le pide a una persona que simule el futuro de cada uno de ellas. Se puede tabular la suma total del número de relaciones causales que la persona puede establecer en todas las situaciones. (Una posible complicación es que el número de relaciones causales que una persona puede establecer en múltiples situaciones imaginables es ilimitada. La solución pasa por dividir ese número entre la cantidad media de relaciones causales obtenida a partir de un extenso grupo de control. Como en un test del coeficiente intelectual, podemos multiplicar el número por cien. Así, una persona podría tener, por ejemplo, una conciencia de nivel 3:100, lo que significa que puede simular acontecimientos futuro como una persona promedio.)

    La siguiente tabla resume estos niveles de conciencia:

Nivel de conciencia en distintas especies

NivelEspecieParámetroEstructura Cerebral
0PlantasTemperatura, luz solarNinguna
1ReptilesEspacioTronco encefálico
2MamíferosRelaciones socialesSistema Límbico
3HumanosTiempo (espacio, futuro)Corteza prefrontal

Teoría espaciotemporal de la conciencia. Definimos la conciencia como el proceso de crear un modelo del mundo a partir de múltiples bucles de retroalimentación basados en distintos parámetros (por ejemplo, la temperatura, el espacio, el tiempo o la relación con los demás) para conseguir un objetivo.

Todo esto es caso del libro titulado:

«El futuro de la mente humana»

Autor: MICHIO KAKU

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